Ahora mismo está tronando. Y a Guismo, por supuesto, le ha faltado tiempo para esconderse bajo mi cama.

Es curioso: es un perro de caza (al menos es cruce de dos razas de caza), y mi padre se lo lleva cuando hay coto y tiene tiempo libre. Así que los disparos no le asustan en absoluto. Sin embargo, tiene auténtico pánico a los petardos y a los truenos. De cachorro hasta se hacía pis del miedo: daba una mezcla de ternura y aprensión verlo tan pequeño, tiritando, paralizado por el terror, mientras se le escapaba la orina sin que el pobre siquiera se diera cuenta.

Ahora ya es adulto (demasiado adulto para mi gusto... ya tiene 8 años, no dejo de pensar que se me hace viejito demasiado rápido) y ya no se orina de miedo, pero sigue teniendo los mismos tiritones que de cachorro.

Aunque sí conserva dos cosas de cuando era cachorro. Una, es la enorme vitalidad que se gasta, y las ganas incansables de jugar a todas horas. Otra, es orinarse de gusto cuando viene una visita que le cae especialmente bien. No es que se le escape mucho, pero sí unas gotillas. Lo justo para manchar el suelo y que haya que fregarlo.

Es curiosa la cantidad de emociones diferentes que los perros son capaces de manifestar, con algo tan insignificante y tan mal visto como la orina.

Para que luego digan que sólo los humanos sienten.